lunes, 28 de noviembre de 2011

Como en una escalera


Tú y yo vivimos en una escalera.
Al principio tú subías y subías, sin aliento, con agilidad, confiado.
Yo estaba cojita, cansada, iba despacio, me paraba, pero intentaba seguirte, subir a tu ritmo.

Con el tiempo me recuperé. Fui cogiendo velocidad, siguiéndote, soltándome, dejando atrás cosas con las que cargaba y que pesaban mucho. Comencé a subir más deprisa, segura, esperanzada... Y al fin te alcancé.

Y es que el amor es como una escalera, cada uno lleva su ritmo, aunque finalmente los pasos se igualan.
A veces no te encuentras con fuerzas para seguir subiendo, pero si alguien te da la mano y te ayuda todo es más fácil. Las bases de una relación son la confianza, la sinceridad, el apoyo y el cariño.
Otras veces en cambio te sientes cansado y debes detenerte a coger aire, pero siempre sabiendo que nunca te pararás solo.
En ocasiones te caes, desciendes unos peldaños, pero nunca es tarde para levantarse y volver a ponerse en marcha. Retroceder, rectificar, no es malo sino todo lo contrario, con ello podemos corregir errores del pasado.
Y en las mejores rachas tendrás tanta energía que subirás corriendo o los peldaños de dos en dos.

Y sabes que arriba espera el cielo, sí, pero en realidad no es necesario llegar al final de la escalera para obtener la recompensa... Porque ese mismo cielo nos abriga cada día y nos hace seguir subiendo.